REFRACCIÓN DE LA POESÍA

La poesía es un poderoso exorcismo. Como es la voz del mundo interior, apenas su imantado espacio se satura de angustia, el verso sube, como un compañero del alma. Si se atiende a lo que cantan los poetas de un país, se verá el país por dentro, dentro de su vida cotidiana y su profunda atmósfera psicosocial.

Un poeta habla siempre de su propia vida, pero su vida más honda, la que le sirve de materia prima para la poesía, es la relación de la suya con las otras, la comunidad de destinos que lo alcanzan, entorpecen o desarrollan. En su yo palpita, a través de invisibles sensores, su colectividad entera. Su monólogo es su oscura manera de dialogar.

La poesía es siempre una verdad, una oscura verdad, una verdad alucinante, una compleja verdad tejida por el ánimo y la angustia, una detección de invisibles fricciones que necesitan ser dichas. Solo que no es un informe ni un expediente, sino un arte, y posee por ello un lenguaje especial, que ha de ser ejecutado según sus propios principios.

Ahí, en la realización de esos códigos, es que se pierden los que quisieran encontrar las ecuaciones lógicas, las aseveraciones abiertas, los dictámenes directos. La poesía es un lenguaje exponencial, en el que se retrata un mundo interior según rigurosísimos estatutos de expresión. No es un reportaje ni una investigación: es un emotivo vertimiento del alma.

Es un arte muy difícil, donde se descalabran muchos, porque no basta sentir las fricciones con el mundo, sino que se tiene que ejecutar el vertimiento con una suma increíble de gracia y de síntesis. Las palabras han de estar más allá de las comunicaciones habituales, escorzadas y dinamizadas según los imperativos implacables de la expresión artística.

 

ROBERTO MANZANO

 

Se publicó inicialmente en el Blog Eurekíada en el año 2018. Luego en Cristálida Ediciones, Canadá, en el año 2022, dentro del volumen titulado DEFENSA DE LA POESÍA.

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