UN CAMBIO TOTAL
Se necesita un cambio civilizatorio. Una nueva manera de verlo todo. No puede ser suscribiéndose a una bandería de las ya conocidas. No puede ser capitalismo o socialismo. Esta dicotomía todo lo paraliza y enloda.
¿Cuál es la célula del capitalismo? Es la ganancia a través de la mercancía. La absolutización de una élite económica. ¿Cuál es la célula del socialismo? La economía planificada desde el poder central. La absolutización de una élite ideológica.
No hablamos teóricamente. No se trata de los aparatos gnoseológicos, de los acervos interpretativos. Nos referimos, en ambos casos, a una práctica histórica. Como ha sucedido todo directamente, según la condición humana. Se trata de datos, no de axiomas.
Avanzar hacia una nueva civilización no es expulsar en bloque ambos caminos. Es examinarlos sin piedad y sin compromiso alguno, y distinguir lo que ha de ser conservado para alcanzar el horizonte que soñamos los que somos mayoría.
Al juntar los elementos que han de ser conservados no puede acabar todo en una mixtura, en un aparejamiento frenético, en una yuxtaposición aleatoria. Solo es válido, en la vida como en la historia, lo que es suma, multiplicación, sinergia.
Tan solo algunos elementos de ambas experiencias históricas, tan tristes cuando se miran en sus vivencias conjuntas. Eso poco rescatado estará inmerso en una nueva postulación: un cambio total de qué es el ser humano y qué es el planeta en que vivimos.
Eso hay que construirlo. Construirlo no quiere decir alzar módulos, depurar esquemas, desplegar nuevas dicotomías, instaurar un protocolo para el reavivamiento de la esperanza, y mucho menos dárselo a un grupo. Es imaginar desde la esencia un nuevo horizonte.
Para realizar un cambio válido no solo hay que escrutar, sino también regenerar: hay que ser cauteloso, y cauterizar el caudal íntegro. No es el cambio de un poder por otro: no resultan buenos candidatos para dirigir el cambio los púgiles de ahora mismo.
Los dos contrarios básicos de hoy son fuerzas del mismo tipo: el anverso y el reverso de la misma torcedura. Es una torcedura tremenda, que tiene muy ocupados a los dos púgiles. No se encuentran, desgraciadamente, dentro del futuro que necesitamos.
Todos necesitamos ya un cambio: ellos desean ser el cambio, cada uno por separado. Y lo están entregando todo por suprimirse recíprocamente. Pero los mejores de nosotros, que somos la mayoría, ya distinguimos que ellos no van a producir el cambio que esperamos.
Lo que uno ve que ellos enarbolan y adelantan nada tiene que ver con nuestras urgencias profundas. Como hemos aprendido a diferenciar lo dicho y lo hecho, ya tenemos bien medido el trecho. En principio, amamos reducir el trecho entre lo dicho y lo hecho.
Eso es lo que queremos. Esa es la médula primera del cambio. Tiene que ser un cambio de civilización, de manera de estar en el mundo y dentro de nuestra dignidad como personas. Los dos púgiles conocidos tienen mucho drástico trecho en eso: les falta imaginación.
ROBERTO MANZANO
Párraga, 21 de agosto del 2025