SABIDURÍA DE PANDORA
En el terreno de la psicología social no hay nada más objetivo que lo subjetivo. La vieja distinción entre el sujeto y el objeto es un resabio cartesiano, de evolución positivista, que ya hoy ha evidenciado su ranciedad interpretativa. Y el que quiera entender mecánicas del campo social debe tenerlo en cuenta.
No se pueden organizar y dirigir voluntades sin este conocimiento. Ya se sabe desde Schrödinger que el gato puede estar vivo y muerto al mismo tiempo. Y hoy los verdaderos estrategas, en cualquier sentido de la palabra, dominan que han de ganar batallas simultáneas. La sociedad es un imán de muchos polos.
Lo que es posible contar desde el punto de vista material es un importante sumando de la actividad humana. Así que han de cultivarse y distribuirse peces y panes para que la población se nutra. Pero es igualmente importante, y en ocasiones más, poseer un conocimiento profundo de lo que no puede ser contado materialmente.
En la psicología social reina con frecuencia lo paradójico. Hay en ella un arte de lo tangible, y una ciencia de lo tangible. El arte y la ciencia, lo tangible y lo intangible, deben ser atendidos simultáneamente. Sin una verdadera cultura no se pueden dirigir procesos. El mejoramiento humano es una disciplina integral.
Un servidor público no es un mero gestor de políticas. Aparte de la utilidad de la virtud, de la que ha de ser un sacerdote, debe poseer un sentido evangélico de la escucha: nadie tiene que orientarle qué piensa la comunidad a la que sirve: siempre tendrá el oído puesto en el corazón multitudinario de los otros, que son los suyos, que es él mismo.
Porque en la relación humana no hay nada más objetivo que lo subjetivo. Y lo subjetivo tiene superficies y honduras, aeróstatos y cavernas, materiales ferruginosos y lluvias de estrellas. Cada sujeto es un planeta, y un conjunto de sujetos una galaxia viva. Y quienes llevan el ritmo de todo, con oculta pericia, son las esperanzas.
Así, en plural. Porque son muchas, y se encuentran dispersas o en haz bien anudado. O pugnan por destruirse unas a otras. O se sientan a conversar, para ver cómo pueden convertir el ambiente en que cohabitan en una mesa de futuro. Bien sabe Pandora que debajo de todo hay algo, y es la esperanza.
Quien pretende encarnar multitudes, sacrificarse para los otros en el ejercicio de una gran responsabilidad, debe saber que abajo está la esperanza. Con la esperanza, que es lo último de nuestro complejo reservorio, no puede jugarse. Hay que consagrarse con rapidez a materializarla, porque ella es lo sagrado.
ROBERTO MANZANO
20.12.2020
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