ACABA DE MORIR FÉLIX SÁNCHEZ

Ha muerto hoy en su Ciego de Ávila natal el gran escritor cubano Félix Sánchez, a quien recuerdo aún, en una noche lejana que se ha llevado el tiempo, incorporándose a las sesiones del taller literario César Vallejo, recién fundado con una pequeña tropa de jóvenes que son hoy historia de la cultura avileña.

Félix Sánchez poseía mucho talento, y era versátil en sus despliegues, y ya exhibía una personalidad atrayente, de gran discernimiento y abundante imaginación. Tenía autoridad natural, y un incisivo pensamiento crítico. Distinguía con rapidez las incoherencias de la vida cotidiana, y a pesar de cierta bonhomía que le era característica, desenmascaraba con fuerza lo absurdo.

No solo desarrollaba tramas excelentes, tanto para niños como para adultos, de gran calado psicológico y simbólico, sino que examinaba los procesos culturales, y advertía qué debía ser enderezado y cómo, con un conocimiento que he visto poco en nuestro medio de las regularidades de la vida artística y social. Muchos de estos pensamientos terminaban en artículos, pero otros —sería magnífico recogerlos y vertebrarlos— resultaban ancilares, derramados en polémicas, debates eventuales, intercambios electrónicos.

Sabía promover como pocos, y este saber se encontraba respaldado por un sistema de ideas, no al estilo de los constructos ideológicos culturales europeos, sino dentro del principio de pensamiento electivo que distingue a nuestra cultura desde su origen. Podía pasar por la anécdota como estribo para alcanzar el concepto, y subir productivamente de la empiria hacia lo abstracto. Se consagró a la realización ejemplar de talleres, donde no solo se formaba para la composición literaria sino sobre todo para la visión humanística.

Su narrativa se encuentra aún sin un examen detenido. El día que se cumpla con este mandato se verá cómo escrutaba la alienación que nos rodea, el profundo sentido alegórico que le impregnaba a la representación de nuestra vida cotidiana, de nuestras angustiosas torceduras llenas de periodicidad y costumbre. La profundidad y la sencillez se hermanan en su lenguaje, y por el sustrato de sus relatos corren ideales que no envejecerán jamás. La aparente objetividad de su prosa exhibe la raigambre y el aliento de lo sublime.

Félix Sánchez fue una excelente persona, y un lúcido escritor. Cuba debe saber quién se acaba de marchar, y qué se le debe, y cómo debe conservarse su heredad. Esto, si pasó alguna vez, cada vez pasa menos, pero no está nada bien que no pase: el tránsito de un artista que ha sido genuino y ha pensado, sin apicararse en las broncas por ventajas, sin adulterar la transparencia de su vocación, nos pertenece a todos como un bien moral, como un patrimonio de la nación. El primer principio de toda promoción y jerarquización cultural fue establecido por nuestro Maestro: Honrar honra.

Roberto Manzano

Párraga, 26 de julio del 2025

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