EL CULTO A JOSÉ MARTÍ PODRÍA SER NUESTRA RELIGIÓN

¿Qué debe ser Martí para los cubanos?

Una pregunta muy difícil. Con frecuencia he oído la idea de que debemos evitar a vida o muerte que se nos convierta en mito. La idea de que Martí se convierta en mito no debe ser temida, porque ese mito es inevitable: Martí tiende por naturaleza propia a convertirse en mito, pero mito en el sentido más positivo de la palabra, como relato que ordena una historia que está en el desiderato de la sociedad. Si los cubanos algún día necesitamos una religión, el culto a José Martí podría ser nuestra religión, en el sentido original de la palabra, o sea, como religación, y también en el sentido de iglesia, iglesia como sitio donde todos los hombres concurren para la búsqueda de una luz oculta. Martí tiene todos los ingredientes de la poesía: es la sofrosine de Cuba. Él decía que la ley matriz del arte es el equilibrio, y él fue equilibrio puro. Él nos aporta la gravitación exacta de lo solar, de lo que está en el centro irradiando, iluminando, estableciendo sitios de cosecha y de prosperidad. Al aplicar la poesía como método de conocimiento a nuestra alma nacional, uno se percata de que necesitamos equilibrio, un sentido mayor del fiel, un dominio mayor de nuestros péndulos, y Martí tiene la regulación exacta, está siempre situado en el fiel, y es el equilibrio más augusto. Ir hacia ese Martí ecuménico y global es ir avanzando hacia una sofrosine necesaria, hacia un equilibrio y una ponderación mayor que nos deslastre de nuestras gravitaciones circunstanciales, de nuestros arrastres originarios que nos expulsan a veces hacia las orillas. Martí es la luz, la brújula, el sextante interior para alcanzar la latitud donde estaríamos situados en un espacio realmente humano, porque el espacio más humano es el más operante, el que alcanza una cooperación mayor de todos los elementos que lo componen, el más cercano a la poesía como método para conocer y actuar en el mundo: Martí es la poesía y la historia vivas en nuestro imaginario nacional. Políticos, economistas, educadores, predicadores, poetas, oradores, todos los hombres ilustres de nuestra realidad nacional en algún sector, saben que están empalmados en un punto central, en un paradigma al cual tienen que mirar, que es José Martí. Es por lo tanto el punto imantado en el cual todos los cubanos logramos una iglesia, una religación. Entonces, rendirle culto a Martí y aceptarlo como mito y añadirle a lo que él fue lo que nosotros hemos sido, e incorporarlo a su culto, nos va enriquecer si lo asumimos como una práctica cotidiana y como un modelo permanente de nuestra voluntad y nuestro sueño. Lo mítico en Martí nos da la posibilidad de conservar nuestra identidad, de no contemplarlo arrobados sino de ser Martí también, añadirle, enriquecerlo con nuestros pasos y nuestras visiones del destino colectivo.

 

En EL MINOTAURO Y LA MARIPOSA, entrevista de María Antonia Borroto Trujillo (2002), pp. 72-73, Editorial Isla de Libros, Colombia, 2021.

 

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