EL DISCURSO DE NELE KANTULE

A los poetas kunas 

A la memoria de Anel Omar Rodríguez Barreras

A todos los poetas panameños

 Atentos: no queda más remedio que estar vigilantes. Seguramente vendrán de nuevo, y hemos de amparar lo que conseguimos con nuestra inteligencia y nuestra sangre. 

Con juicio y valor lo hemos conseguido, y atendiendo cómo se pone el pie en el sendero: la sabiduría consiste en verlo todo primero adentro, y desplegar afuera un hueso firme para el paso. 

Hemos andado, y tendremos que andar todavía más. Déjenme decirles que no podemos detenernos, pues no hemos alcanzado aún el sitio exacto, y es nuestra responsabilidad alcanzarlo. 

Hay que permanecer viéndolo todo con párpados bien abiertos: apenas se inclina el cuerpo un segundo sobre el blanco litoral te envuelve la espuma de la noche. 

He andado de día y de noche en la honda selva, y he andado con la aurora y el atardecer entre las embriagantes islas: conozco la firmeza y la flexibilidad del justo andar. 

Conozco un canto que sirve para pisar sobre las espinas y las rocas, y otro para atravesar las espumas y el lodo: las pupilas de las fieras se detienen con mi canto! 

Pero les digo que estén atentos, pues lo peor que existe es la sed de la ambición, que es como una serpiente sin fin: sólo una vigilancia activa de todos conjura en algo esta sed.

 El poder tiene una voracidad felina: su digestión es violenta, y crece hacia todas partes con urgente mordedura: a su paso todo queda roído, desangrado, muerto!

 No queda más remedio que estar atentos: es el poder el que nos impone la vigilancia: si por nosotros fuera sólo estaríamos pescando y tejiendo, caminando y cantando…

 Nuestra tierra es bella, y es bueno vivir. Hemos aprendido a estar en nuestra tierra como está el guante en la mano: con exactitud nos cubrimos y protegemos los contornos mutuos!

 Frente a nuestros pasos no desaparece la selva: bajo nuestro avance no se ensucian las aguas: sobre la respiración de nuestras marchas no se recalienta el aire: no masticamos el espacio!

 Como no masticamos el espacio, tenemos todo el tiempo: pero el tiempo se gana en el espacio, y por eso debemos estar vigilantes, porque puede regresar el estómago violento.

 Hay que estar atentos, sobre todo con nosotros mismos: no podemos desatender nuestro modo de mirar la tierra: cómo va la memoria, sobre todo la de los jóvenes, qué hacemos con lo conseguido?

 Yo aprendí alrededor de mi casa, y lejos de mi casa: aprendí con los más cercanos, y con los más lejanos: un ser humano es muchos espacios y muchos otros seres humanos.

 Tuve en cuenta lo que se ve, y tuve en cuenta lo que no se ve: unas verdades se obtienen con el tacto, y otras verdades se obtienen con la ilusión: con muchos brazos camina el pulpo!

 Entender el tiempo lleva tiempo: se va de la raíz al tronco, del tronco a la rama, de la rama al fruto: y es imprescindible contar con el pájaro entre la rama y el fruto, y con el trino del pájaro!

 Pero hay que entender el sentido de la existencia, que es la dignidad: esto es en todas partes, lo mismo tejiendo molas que capturando calamares: la dignidad es la sangre del espíritu!

 Pueblo mío de ahora y de siempre, pueblo mío entre todos los pueblos: la dignidad es la suma sabiduría, y la convivencia es el oxígeno que debe respirar el ancho mundo.

 Quiero que mi pueblo conviva con todos los pueblos de la tierra bajo la suma sabiduría de la dignidad, que es el racimo de la participación bajo el sol insomne de la libertad!

 ROBERTO MANZANO

 Publicado en EL LIBRO DE LOS DISCURSOS, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, p. 117-124.

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