BREVE ELOGIO DE AITANA ALBERTI LEÓN
Aitana Alberti León escogió Cuba para vivir. Nos escogió para vivir, a todos los cubanos que aman la poesía. Con su presencia los cubanos sensibles, gustadores del idioma y de la gracia lírica, sumamos una joya con una estela. Hay a quien le falta sensibilidad, y no se percata de que tiene una joya ahí, muy cerca, y hay a quien le falta cultura poética —algo que Lezama pedía para toda persona instruida— y no se entera jamás de que toda joya tiene una estela: muy grande y hermosa si la joya es la poeta argentina, española, cubana, universal, que lleva por nombre Aitana Alberti León.
Venir de Rafael Alberti y de María Teresa León es tener buena estela. Porque ya ellos llegaron a la vida artística de la lengua como sumas de estelas anteriores: la ancestralidad es una acumulación preciosa que dota a un individuo de enjundia e irradiación. Y sin enjundia e irradiación no se puede ser joya trasmisible. No vamos a enumerar las riquezas de los progenitores de Aitana Alberti León, que toda persona medianamente sensible y culta debe conocer; pero sí encarecer de nuevo que ella es una joya en sí misma, una confluencia áurea, porque en ella una estela se vuelve trasmisible y extrae nuevos horizontes.
Los espacios de confabulación fundados por Aitana Alberti en su estancia habanera son estela de la más acendrada, solo posibles en una mentalidad consciente, y apasionada por consciente. Los que estuvimos en algunos de ellos, o colaboramos humildemente a que ella los hiciera memorables, lo recordamos bien: con ella, siguiendo las huellas de Lorca en la mansión loynaciana, entraron todas las lumbres y monumentos de la generación española del 27, una de las más conspicuas de las promociones artísticas del mundo. Y entró un estilo de tertuliar, propio de aquella generación, que tuvimos la ocasión de disfrutar en La Habana a través del ejercicio amoroso y versátil de Aitana Alberti León, y que no llegamos a aprender nunca de verdad.
Mucho le debe Cuba: lo principal es su larga presencia, la ebullición de cultura que siempre tuvo a su alrededor, pues posee imantación, tanto en su obrar como en su decir, y cuando un creador imanta debe ser enfocado como un bien público, auxiliado como si fuese una institución, porque en arte no hay institución más grande que un carisma generoso, una vocación capaz de cultivarse como una joya y trasmitir con fervor estelas participantes. Donde se encuentre ese artista se encuentra la institución mayor, y la más fiable para donar los recursos que exige la creación general.
Loor para Aitana Alberti León, que ha envejecido como afirmaba Manrique de su padre: con una ancianía bien gastada. Mucha razón tenía Whitman cuando soñaba con una generación de ancianos diestros y hermosos para su país. Se ha depurado la luz compartida que ella ha sido a través de los años, y ahora al contemplarla aquí entre nosotros sentimos la calidad radiante de su vida, la fragancia colorida de su presencia, el bienestar que produce su irradiación atlántica, su gracia de poeta entera y cumplida. Los poetas que amamos nuestra lengua aquí llegamos ahora, para festejarte y decirte cuánto te amamos, Aitana bella e iridiscente.
Roberto Manzano
Párraga, 31 de julio del 2025
Palabras enviadas para leer en la actividad de homenaje por el cumpleaños 84 de Aitana Alberti León, que organizara la investigadora y promotora literaria Beatriz Almaguer en el Centro Cultural Dulce María Loynaz el 8 de agosto de 2025, previo al día de su natalicio.