VIDA LITERARIA Y LITERATURA
Cómo no. He preferido permanecer lejos de las «sectas estéticas»,
porque conozco qué poco libre se es dentro de ellas, aunque te impulsen en su
movimiento ascensional. Todo grupo humano genera normas, caracteriza
infracciones, establece castigos y recompensas, determina límites que no deben
transgredirse. Como grupo, se salvaguarda. Algún líder rectora de modo interno,
y él se abroga el sentido y el destino del grupo, y hay que subordinársele para
no ser castigado por traidor. Si este líder se consagra al grupo, y ofrece
participación, genera una autoridad sin fisuras, que se asemeja a una relación
con lo sacro. Esto puede ser acaso operativo en la vida estudiantil, en un
laboratorio, en una brigada de construcción, en un equipo deportivo, en una
comunidad religiosa, en un partido político. Pero es fatal para la vida
artística. Todas las experiencias de ese carácter en la historia del arte han
sido de una negatividad tremenda. Recuerda el gabinete surrealista, las
múltiples tribus vanguardistas, las colonias artísticas, las escuelas de
grandes capitanes estéticos… El arte se encuentra reñido con todo espíritu de
logia rigurosa, de comunidad reglamentada, de organización fanática, de fracción
bajo estatuto. Incluso, en las escuelas donde se forman artistas el reglamento
escolar ha de tener ciertas singularidades, y los programas de enseñanza han de
vigilarse para que no se afilien a tendencias específicas del movimiento de la
cultura. Un taller, un ateneo, una asociación de poetas exige un elevado grado
de tolerancia y una sabiduría grande en sus conductores acerca de las leyes de
la convivencia estética. Un espíritu rígido o pequeño es un verdadero peligro
al frente de una de esas instituciones. Y si tiene prestigio por su quehacer
personal en el arte, mutilará su entorno de modo más brutal e invisible.
Así que yo, después de mis primeras experiencias grupales en el
terreno de la creación poética, escapé a toda prisa de cualquier otra experiencia
semejante. Y me dediqué a pulir mi gema en silencio, como pedía Regino Boti. Yo
soy responsable de mis errores y aciertos. Sé que cada creador tiene su modo de
crecer, y he crecido a mi manera. Llego hasta donde puedo, con mis propias
fuerzas. No quiero tener una llave añadida, como patrimonio por mi pertenencia
grupal, para entrar en determinados espacios, que piden la contraseña o el
guiño establecido. Yo escribo, y trabajo lo mío, en la calma de lo anónimo y lo
desagrupado. Si no gusta, bien: si gusta, mejor. Nadie me ha pedido que
escriba, y no estoy obligado a modos, porque no atiendo directamente ninguna
solicitud. Tengo compromisos de otra naturaleza, que tienen que ver con la vida
y la literatura, sí, pero no con la vida literaria en específico, que sé que es
la realidad concreta, el proceso actuante, el aquí y el ahora literario, pero
también sé que es donde reina la manipulación, la lucha de intereses, la
mezquindad humana, la falta de justicia, la absoluta vectorialización
extraliteraria.
Como puedes ver, diferencio bien la vida literaria de la
literatura. He insistido en cuanto foro he podido hacerlo acerca de esta
diferencia, para que los creadores que comienzan no se descorazonen, no se
extravíen, no se prejuicien ante determinados percances. La vida literaria es
una categoría del proceso literario que implica todo lo que en una realidad
social concreta interviene, produce, fomenta, difunde, jerarquiza, preserva lo
literario, que es definido por el propio sistema. Lo que el sistema no defina
como literario queda excluido de todo el proceso. Los concursos, los premios,
las becas, los viajes, las distinciones, las editoriales, las librerías, las
revistas y publicaciones, las agrupaciones de escritores, los talleres, las
asociaciones de críticos, los programas de enseñanza, las instituciones de
promoción, la política ministerial, y otros muchos ingredientes de ese ámbito,
componen todos, en una interfuncionalidad asombrosa, generadora de la
conciencia imperante, lo que podemos llamar la vida literaria. De ahí sale la
literatura, pero no toda, y en muchas ocasiones, como puede verse en la
historia literaria del mundo, la verdadera literatura surge a contrapelo de
todo eso, al menos la de más violencia copernicana. Pero esto es largo de comentar
y entender, porque se ha trabajado muy poco por la investigación literaria, y
las regularidades internas de la vida cultural siguen aún siendo enigmas, a
pesar de tantas doctrinas y modelos de intervención científica.
En EL MINOTAURO Y LA
MARIPOSA, entrevista de Leyla Leyva Lima (2006), pp. 87-89, Editorial Isla de
Libros, Colombia, 2021.