ORIGEN Y MARCHA DE LA CREACIÓN

Tablillas de barro I, II y III, Transfiguraciones, Synergos El cosmos ha ido complejizándose, abriéndose a nuevas referencias. ¿Cuánto ha dejado detrás el poeta de Canto a la sabana, deudor de Martí, Guillén y Whitman?

Nadie se despide realmente, si cultiva con responsabilidad la expresión de su mundo interior, de sus nueces originales. Todo cuanto existe es procesual, y lo procesual es siempre la aparición de un nuevo estado a partir de los estados anteriores. Lo de mañana contiene a lo de hoy, y lo de hoy contiene a lo de ayer. Solo en ese sentido es válido el aserto de que lo que ocurrió ayer ocurrirá mañana de nuevo. Sólo en el sentido procesual, como estado interior de lo que ahora mismo se configura. Parménides tiene razón, pero también la tiene Heráclito. La dialéctica de lo disímil y lo idéntico reina en cualquier evolución humana. ¿Cómo no ha de reinar en la evolución artística, individual o general, si el arte ama el equilibrio, del cual dijo Martí que era la matriz del arte? Hasta la evolución de los caracteres en correspondencia con las demandas de sus circunstancias, de la cual nace el destino, según uno aprende en Epitecto, está regida por leyes de simetría en una obra épica, porque se encuentra gobernada por leyes de tal naturaleza en la propia vida. Todo ser humano tiende a ser coherente consigo mismo, si aspira a ser. Los novelistas, cuya materia de trabajo es la representación del destino humano, lo conocen perfectamente, y es un principio básico que asumen y privilegian. El poeta, que se ocupa de la representación de su mundo interior en su costado de mayor socialización, no puede dejarlo de tener en cuenta, y esto garantiza que en cada poeta Parménides y Heráclito sean hermanos gemelos, mílites de la misma sangre.

El poeta que soy ―si he alcanzado en realidad ese estadio― contiene al poeta que fui: pero el que fui no se sentó en los viejos tocones de la orilla del camino viendo la absorbente marcha de la vida fluir o refluir, sino que a cada oscilación de la andadura colectiva ajustó sus sismógrafos, sin dejar de crecer hacia sus propios derroteros interiores, que también existen, y con los cuales los poetas trabajan mucho. A veces demasiado, y en el terreno de la poesía crecer en ocasiones significa salir presto a incluirse en la andadura de todos. Mañana no sé en qué punto de la andadura estaremos, pero no se me escapa que seré igual, pero distinto. Heráclito me sumará al caudal, pero Parménides garantizará que no me devore la entropía. Todo será bueno entonces, si puedo elaborar mi vida como se construyen los poemas unos tras otros, pues el hombre que fui ayer tendrá, gracias a la memoria, fuertes emociones hoy: verá que ha sobrevivido, pero que se ha enriquecido. Sobrevivir es enriquecerse. La coronación de todo es la muerte, que lo único que implica es cesación de trabajo. Si el trabajo ha sido coherente, el que sobreviva nos observará enriquecido.

En época de ámbito urbano, de escritura desgarbada, con caminos fáciles para la expresión, mi juventud literaria vinculó naturaleza y cultura, amó la elegancia y el énfasis, entró por senderos que exigían habilidades especiales. Martí, Guillén, Whitman, y muchos otros, me parecieron buenos maestros. Había allí una alta elaboración artística, que extraía los jugos sonoros y semánticos de sus respectivas lenguas. Mi desiderato creador se separaba ostensiblemente del desiderato triunfante. Escogía un camino riesgoso y difícil, pero debía atender a las solicitudes de mi mundo interior. Aún hoy, escojo según esas insoslayables solicitudes. Todavía sigo caminos riesgosos. Sigo siendo el mismo poeta, por el tipo de decisiones que privilegio. Pero ya soy otro, porque no tropiezo en los mismos sitios, sino en sitios nuevos: tengo una gran experiencia en ciertos reclamos y horizontes, y una salvaje ignorancia para responder con dignidad ante reclamos y horizontes que advierto ya se me enciman. Lo más apetecible es lo que se aproxima. Aunque son bellas las vísperas, crear es siempre una angustia. Es la sorpresa infinita del trabajo creador. La solución de las dificultades produce un placer enorme. Nuestra mirada anterior se nos revela como simple, y la enderezamos hacia una nueva complejidad. Lo que ayer nos parecía sujeto a un orden hoy se nos revela como un impelente caos, y acudimos a lo más antiguo procurando una respuesta válida, o al menos operativa, para los asaltos más recientes de la realidad. Como somos creadores, ya encontraremos respuestas. Claro, las respuestas de los poetas no son las que ofrecen los ingenieros: las respuestas de los poetas consisten en encender, como piras interiores, extraordinarias preguntas. Esa es nuestra tarea: concebir las más altas preguntas, las que tienen que ver con el destino de nuestra especie y con el sentido de la realidad total.

Pero sujetándome a los contornos de tu pregunta he de decirte que, en efecto, no pasa el tiempo en balde, y la vida y el arte se tejen inconsútilmente de tiempo. Y el poeta de Canto a la sabana fue evolucionando expresivamente, y derivó hacia otros ángulos estilísticos y temáticos, aunque haya cambiado menos su estimativa del mundo. Había allí, en la primera estación poética, una serie de brotes que pedían desarrollo, y empujados por las demandas de la vida, estos brotes fueron tomando el campo ya de forma definitiva. Ciertos sectores expresivos fueron abandonados, sobre todo algunos tópicos espaciales, algunas reminiscencias de habla vegetal, y el sujeto lírico, que asumía en muchas ocasiones la historia o el paisaje desde lo pueril, adquirió una sintonía mayor con la voz de la cultura. La abundancia de imágenes sinérgicas, que desde temprano asomaban pertinaces en mis textos, se convirtieron en postura estimativa final. Esto fue sucediendo en giros sucesivos: de Canto a la sabana a Puerta al camino, de Puerta al camino a El hombre cotidiano, de El hombre cotidiano a El racimo y la estrella (que es una despedida de la estación primera), de El racimo y la estrella, casi simultáneamente, pues se escribieron muy juntos, a Tablillas de barro I, que ya es una nueva estación. Aquí comienza otro ciclo que incluye Tablillas de barro II, III, Transfiguraciones y Synergos, que resume un poco toda la cosmovisión de esa etapa. Se fueron quedando libros-bisagra sueltos, que saldrán próximamente, como Rapsodia de vivir, Pensamientos libres, La hilacha, y otros que permanecen inéditos o inacabados como La piedra de Sísifo, Eurekíada, Los estribos profundos, Diario lírico 1, El forastero, etc. Esta es, a grandes rasgos, mi evolución personal.

 

En EL MINOTAURO Y LA MARIPOSA, entrevista de Leyla Leyva Lima (2006), pp. 79-81, Editorial Isla de Libros, Colombia, 2021.

 

 

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