LA SOLIDARIA DISTANCIA DE WISLAWA SZYMBORSKA

La poesía de la gran poeta polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel 1996) maneja la ironía con destreza y productividad inusuales. No es la ironía frecuente, que nace de una disminución que se contrapesa cercenando alrededor con agresión resentida, y que espíritus de bajo calado artístico emplean para conseguir un triunfo veloz frente a públicos poco exigentes. Se trata de aquella que surge de la observación patética de una depreciación, y establece una distancia súbita para revelarla con vigor. En sus textos no se ahorran señalamientos, pero se proyectan desde la inconformidad más solidaria. Implican una transparencia ética para el levantamiento de lo plausible. Abren una ventana más alta, para que penetre desde lo superior una luz en el abismo. Y lo ingenioso está a la vista, como palanca ética para la visualización, y no como bengala histriónica o exhibición a toda costa de una imaginación desaforada, que olvida los piadosos bordes. Con ello enarbola un escalpelo agudísimo, esgrimido por profundo sentimiento humanista. Se distancia, pero afectivamente. Con plasticidad notable descorre el velo de lo absurdo humano y de la locura de nuestra época. Al paso de su discurso no queda ningún individuo o atmósfera colectiva triturados y esparcidos irresponsablemente. ¿Cuál parece ser el secreto de su equilibrada ganancia? Radica en la contextura de la fuente desde donde emana la actitud irónica. Aunque la dicción inmediata provoque la sorpresa y la sonrisa, se adivina detrás el sufrimiento por su semejante y la drástica denuncia de la tragedia creada por la irracional ambición humana. Hay en ese dolor subyacente una irreductible grandeza, y una resistente coherencia de los más altos valores. El patetismo inmanente sublima la ironía, y se alcanza con ello una altura moral que evoca los momentos mejores de la sonrisa de Charles Chaplin. Su hazaña lírica es notable, pues ademán poético de tal carácter exige un gusto y una destreza emocional representativa a prueba de desvíos y encandilamientos.
Este dramatismo interno y ponderada ironía, que confluyen en un solo golpe de sensibilidad, auspician a sus piezas un vivo impacto. A través de antítesis, de intensificaciones, de hipérboles, de detalles selectos, en estrofas que son, más que fracciones tonales, distribuciones semánticas, ofrece un curso eficaz a sus mensajes, en que lo sujeto a tesis y lo plástico pertinente se aúnan sin esfuerzo. El fondo poemático siempre trabaja con grandes ideas, de vasto consenso, y avanza ceñido por una manera cuidadosa y sintética. El mecanismo creador básico parece ser una especie de lirismo brechtiano: el sujeto poético se separa un tanto, en un leve ademán de desidentificación, para calar con mayor hondura en lo que legítimamente somos. Es aquí que se funda el acierto de su palanca crítica. La imaginación se pone al servicio de la revelación. No se trata de esculpir estados de ánimos enteramente íntimos, sino de encontrar en el interior, o en el afuera objetual, o en el clima epocal, las raíces de nuestros malestares más hondos. La gracia y oportunidad de los pormenores que se acumulan, las hipérboles que muestran el envés de lo cotidiano, la riqueza del reísmo empleado, avalan el colorido y precisión de las piezas. En determinados textos lo crítico se torna zumbón, y adquiere a veces una incandescente ocurrencia, pero no muere jamás el sustrato dramático de donde nace el desconcierto y la desavenencia. Su sabiduría sentimental lo tutela todo: la sustancia y el aliento, lo explícito y lo sugerido, la nervadura y el tronco de su propuesta del mundo.
Su obra poética desarrolla asuntos de primordial importancia no solo en los planos sociales o humanísticos globales, sino también en las relaciones de los individuos con las cosas y paisajes, con el tiempo y la memoria, con la sensibilidad y la capacidad de comunicación, con los entresijos de la imaginación y su complejo abordaje de lo real. Como es característico en los poetas significativos, la catarsis y la racionalidad, lo súbito y lo sedimentado, la elevada fantasía y el vertebrado pensamiento, son caras de una misma moneda: la comunicación sensible y profunda con sus prójimos. Hay en algunos de sus textos una teoría de la imaginación que divide esta propiedad humana entre el sueño y la ilusión viva. Considera sueño a las rampas perspectivas de los deseos y las utopías, transcurran con los ojos cerrados o abiertos, e ilusión viva a lo que la transfiguración objetiva o la maniobra humana de lo real nos obligan a considerar como auténtico. «No son locos los sueños, / sino la ilusión viva», nos afirma en uno de sus versos. Maneja con frecuencia el término «exigencia», que en ella significa una demanda que la realidad impone al sujeto o el sujeto a la realidad, y establece, a lo largo de múltiples poemas, una jugosa mirada sobre las relaciones perentorias que presupone la «exigencia» como ingrediente psíquico. Por esta vía discursiva efectúa fuertes denuncias de nuestro mundo, donde el absurdo y la deshumanización tienen asiento absoluto. Nunca reposa en su transformación imaginativa de lo real, y su visión dialéctica entre lo que sucede verdaderamente y lo que idealmente debiera suceder le proporciona notables hallazgos. Traza lo que sucede con suma fuerza, desde ángulos críticos inusitados, con violenta ironía, y cubre con mucha habilidad y decoro su dolorido grito interior. Una selección de sus versos más significativos, traducida magníficamente por Ángel Zuazo López, publicada por la Colección Sur/Editores Proyecto Cultural Sur, a través de Ediciones UNIÓN, circula en las librerías cubanas. Contiene composiciones escogidas de sus principales libros, como Preguntas hechas a mí misma (1954), Llamado al Yeti (1957), Sal (1962), Cien elegías (1967), En todo caso (1972), La gran cifra (1976), Gente en el puente (1986), Final y principio (1993). También incluye su discurso al recibir el Premio Nobel, titulado El poeta y el mundo, rico en ideas sobre la creación poética y su misión social. Wislawa Szymborska ha entregado un hermoso y útil caudal poético a la sensibilidad humana.
Publicado en la revista de poesía Amnios, Ministerio de Cultura, La Habana, Cuba, no. 3, 2010, pp. 122-124.